Buena parte de la mala fama de la profesión viene de no saber qué está pasando con tu propio caso ni cuánto va a costar. Aquí está todo escrito antes de que nos contrates.
Respondes cinco preguntas y te contactamos por WhatsApp. Fuera de horario responde nuestro asistente, toma los datos y a primera hora te llama uno de los socios.
Con uno de los dos socios, nunca con un asistente. Vale $50.000 y es donde te decimos con franqueza si hay caso y qué se puede hacer.
Alcance, honorarios y forma de pago por escrito. La mitad al inicio y el resto en cuotas mensuales. Se define el día uno y no cambia.
Hasta el final. Nosotros nos hacemos cargo de las decisiones y tú vuelves a ocuparte de lo tuyo.
Porque en esos treinta minutos revisamos tu situación de verdad: qué tiene la investigación, en qué etapa estás y qué escenarios son reales. Eso es trabajo, no una reunión de ventas. Un diagnóstico gratis suele ser un diagnóstico apurado, y en penal un diagnóstico apurado se paga caro después.
Además nos permite decirte que no. Un estudio que regala la primera hora necesita convertirte en cliente para justificarla. Nosotros no.
Lo que nos comprometemos a hacer, y lo que necesitamos de ti para poder hacerlo. Lo escribimos antes de empezar para que después nadie se sorprenda.
A una persona que no confía en su abogado no se la puede defender bien. No es falta de voluntad: es que no va a contar la parte incómoda, y esa es justamente la que define la estrategia. Por eso la primera consulta sirve para dos cosas: que entiendas dónde estás parado, y que veas si te sientes cómodo contándonos todo. Si esa confianza no se genera, es mejor saberlo el primer día.
Dos minutos, cinco preguntas, y sabes en qué situación estás y cuál es el mejor camino para tu caso. Si no somos nosotros quienes debemos tomarlo, te lo decimos ahí mismo y te orientamos hacia dónde ir.