Uno viene de la Defensoría Penal Pública. El otro, de la Fiscalía. Entre los dos conocen el sistema desde adentro: cómo se arma una carpeta, qué mira un fiscal antes de formalizar, cuándo conviene negociar y cuándo hay que ir a juicio.
A eso le decimos visión de campo. Quien te defiende debe saber en qué terreno está jugando.

En su etapa en la Defensoría Penal Pública fue, en su momento, el defensor con más absoluciones a nivel nacional, con un 78% de absolución. El dato es de la propia Defensoría.
Dato de la Defensoría / tribunal: te lo mostramos en la consulta.
Lleva litigando desde 2001. En la Defensoría manejaba del orden de cuatrocientas causas al mes, lo que se traduce en varios miles de audiencias y en un volumen de juicios orales que muy pocos abogados del país alcanzan en toda su carrera.
Esa es la diferencia práctica: no hay audiencia que lo tome de sorpresa.

Cerca del 90% de sus causas no llegan a juicio oral, según su propio registro, porque el trabajo está hecho antes: en la investigación, en las diligencias y en la negociación. Ir a juicio es a veces necesario, pero casi nunca es la mejor noticia para el cliente.
Viene de la Fiscalía, es decir, del otro lado del mesón. Fue abogado asesor del Fiscal Regional de Valparaíso, en investigaciones de alta complejidad por delitos económicos y crimen organizado. Sabe cómo se arma una acusación porque estuvo donde se arman, y eso cambia por completo la forma de desarmarla.
Esa es la diferencia práctica: sabe qué está mirando el fiscal antes de que el fiscal lo diga.
En el ejercicio privado ha obtenido resultados de alto impacto en sede de garantías. Entre ellos, un recurso de amparo que interpuso y alegó ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso (Rol 1761-2023), acogido por unanimidad, que suspendió el cumplimiento efectivo de una condena de cinco años y un día y lo sustituyó por reclusión domiciliaria total, en favor de una mujer con embarazo de alto riesgo. La Corte resolvió, pese a no existir norma legal que lo autorizara expresamente, aplicando directamente la CEDAW, la Convención de Belém do Pará y las Reglas de Bangkok. Es uno de los pocos fallos en Chile que lo han resuelto de esta forma.
Podríamos ser diez y tomar el triple de causas. Preferimos ser dos y que a tu juicio vayamos los dos. En un estudio grande el socio te firma la propuesta y a la audiencia va otro; aquí el que te atiende el teléfono es el que va a estar sentado a tu lado.
Trabajamos de forma horizontal: discutimos cada caso entre los dos y nos repartimos la audiencia según quién esté mejor parado para cada tramo. No hay un dueño del caso, hay un equipo.
Por eso podemos responder rápido y por eso no tomamos todo lo que llega.
La consulta, las audiencias y el juicio los hace un socio. Siempre.
No publicamos casos ni nombres. Lo que hablemos queda entre nosotros desde el primer minuto.

Muchos estudios publican sus causas más conocidas. Nosotros no, y es a propósito. Quien nos contrata está pasando por el peor momento de su vida y lo último que necesita es enterarse de que mañana puede ser el ejemplo de la página web de alguien.
Por eso mostramos números y no historias. Los números dicen lo mismo y no exponen a nadie.
Tu caso no se publica. Punto.
Dos minutos, cinco preguntas, y sabes en qué situación estás y cuál es el mejor camino para tu caso.